Capítulo de Caballeros Penitentes de Cristo Redentor - Toledo

Año: 2016

En la Ascensión del Señor

En la Ascensión del Señor

Roberto Jiménez Silva

Hacía unos cuarenta días que Cristo Redentor había resucitado por sí mismo, resurgiendo triunfalmente del sepulcro, para procurarnos en su gloriosa resurrección una prueba de la nuestra.
En este tiempo, se apareció varias veces y de diferentes maneras a sus discípulos, proporcionándoles sus instrucciones sobre el Reino de Dios y la entidad Eclesial. Aislados los discípulos en Galilea, en un tiempo posterior a la resurrección, recibieron el mandato de regresar a Jerusalén para celebrar la fiesta de Pentecostés que se acercaba. Diez días antes de ese rito, estando comiendo juntos, se les apareció de nuevo Jesucristo; y como debía de ser la última vez, conversó con ellos más prolongadamente sobre la gran tarea que iba a entregarles; dispuso que fuesen a predicar el bautismo y la penitencia, y que reafirmasen su doctrina con milagros; revistiéndoles de la autoridad que Él mismo había admitido de su Padre para realizarlos. E aquí de nuevo cuño, su pastoral sobre la tierra; y la experiencia testimonial de la verdad de su testimonio, que para mayor abundamiento había de ratificar también con su propia sangre.

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Pascua de Resurrección

Pascua de Resurrección

Roberto Jiménez Silva

Aúlla desesperada la vanidad sepultada en la cripta de su sombrío aposento; retiembla en su oscuridad la fosa; la extrañeza, el desconcierto y la confusión afloran en los recónditos huecos donde tiene su guarida y resopla la injusticia.
Su estrado ha sido aplastado con estruendo, y al colisionar dando fondo a la fosa que desde sus raíces se ha abierto, trono y estrado se han pulverizado, como se abre la roca, revienta y se fragmenta, al violento brío del océano.
Su dominio ha sido arrebatado, como los delicados pétalos de una flor que la tormenta hace volar, como la pieza del engranaje que la herrumbre inutiliza.
Su arcaico gobierno ha sido sepultado para siempre, como las desbordantes aguas de un rio se desvanecen en la extensión del mar que las devora; como se esfuma la visión de una centella, como la frágil señal de un S.O.S. que se disipa entre el ímpetu de los vientos y el ruido de las grandes aguas.

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Declaración del Obispo de Stagno en Dalmacia, ex-superior de Tierra Santa, acerca de la restauración del Santísimo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo

Declaración del Obispo de Stagno en Dalmacia, ex-superior de Tierra Santa, acerca de la restauración del Santísimo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo.

Roberto Jiménez Silva

Muy de vez en cuando, uno encuentra “perlas” como esta de 1555.
Fray Bonifacio Stéfano, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Stagno de Ragusa. A todos los que las presentes vieren, salud en el Señor sempiterno.
El año 1555 de nuestra Redención, hallándose en muy mal estado y casi medio caída la celebérrima fábrica que encierra el Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra construida por Santa Elena madre de Constantino el Grande, con grave perjuicio de la piedad cristiana, el Papa Julio III, de feliz memoria, al cual movieron con sus peticiones el invictísimo Carlos V, emperador de los romanos, de nombre y fama eterna, y su ínclito hijo Felipe, Siervo de Dios, doliéndose de la inminente ruina, instantemente nos mandó, hallándonos entonces por autoridad Apostólica Prefecto del Convento de San Francisco de la Observancia en Jerusalén, que cuidásemos de componer y restaurar cuanto antes el sagrado lugar que andana en ruinas; lo que también nos encargaba con igual instancia el Ilmo. Sr. Francisco Vargas, su representante cerca de la República de Venecia, para que se efectuase, siendo ya asignada la gran suma de dinero a nombre del Emperador para la construcción de aquella obra. Por lo que, mediante el permiso de Soliman, Rey de los Turcos Otomanos, el cual obtuvimos con grandes y muy difíciles viajes, graves trabajos y crecidos gastos, emprendimos con actividad la deseada obra.

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Actos de Semana Santa en la Catedral de Toledo celebrados en 1862

Actos de Semana Santa en la Catedral de Toledo celebrados en 1862

Roberto Jiménez Silva

Señalaba el cronista en un periódico de 1862:
“A pesar del tiempo frío y húmedo que se ha experimentado en la semana que hoy termina, las funciones religiosas de la S.I.C.P. han sido no menos concurridas que en años anteriores. Desde el principio de ella se advertía afluencia de forasteros, muchos de ellos procedentes de la Villa y Corte de Madrid. La concurrencia ha sido más notable en los días de miércoles, jueves y viernes santo. Estamos persuadidos que no ha sido una vana curiosidad lo que ha estimulado al pueblo fiel a concurrir al grandioso templo toledano, singular por su clase, notable por su elegancia, admirable por su belleza. Los inefables misterios que en él se nos representan durante la semana llamada justamente por los Griegos y Latinos hebdomada mayor, Semana Santa, y a veces Semana penosa de Cruz, aflicción y austeridad, habrán sido el móvil principal de esta concurrencia. En estas solemnidades la S.I.C.P. ha desplegado la pompa, suntuosidad y magnificencia con que acostumbra a celebrarlas, a pesar de la penuria y privaciones que experimenta.”

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Breve historia de la cruz de Cristo Redentor

Breve historia de la cruz de Cristo Redentor

Roberto Jiménez Silva

La cruz fue durante varias épocas el más infame suplicio de cuántos se conocían. El mundo egipcio, o persas y helenos, como asimismo el mundo judío, lo habían acogido desde la más remota antigüedad; por su parte, el mundo romano igualmente lo usó, aunque en honor a la verdad en contadas ocasiones; y los asiáticos, principalmente chinos, hasta hace relativamente poco tiempo aún lo mantenían en vigor. Nombres como el famoso historiador romano Tito Livio; el político, filósofo y escritor romano Cicerón; el jurista de origen fenicio Domicio Ulpiano; el poeta y retórico latino Décimo Magno Ausonio; y Apuleyo el escritor romano más importante del siglo II, por citar sólo unos pocos, llamaban a la cruz: árbol, o el más infame tronco, así como supremo suplicio, también exceso de degradación, o lo calificaban de castigo cruel y temido. Leer más

Relato de un peregrino en Tierra Santa

Christian pilgrims hold candles at the Church of the Holy Sepulcher, traditionally believed to be the site of the crucifixion of Jesus Christ, during the ceremony of the Holy Fire in Jerusalem's Old City, Saturday, April 26, 2008. The Holy Fire ceremony is part of Orthodox Easter rituals and the flame symbolizes the resurrection of Christ. The ceremony dates back to the 12th century. (AP Photo/Sebastian Scheiner)

Relato de un peregrino en Tierra Santa

Roberto Jiménez Silva

Ha caído en mis manos el relato de un peregrino de 1853 que llegó a Jerusalén para celebrar las funciones religiosas de la Semana Santa, éste es su curioso testimonio:

<< Los oficios de la Semana Santa han sido celebrados este año con un recogimiento raro en Jerusalén, y con esa majestad llena de tristeza que penetra hasta el fondo de los corazones en esos días destinados a recodar los dolores y la muerte del Hombre-Dios.

<< ¡Oh! ¡Cómo conmueven el alma las lamentaciones de Jeremías en presencia del Santo Sepulcro y de la desolación de Jerusalén!

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La Semana de Pasión

La Semana de Pasión

Roberto Jiménez Silva

Desde el inicio de la Cuaresma la Iglesia invita a todos los fieles, a que gimamos con lamentos de penitencia, limosnas, y oraciones, la muerte causada por nuestras culpas y pecados, de su divino esposo y Salvador nuestro, Cristo Redentor. Para esto, quiere que nos preparemos y dispongamos con los ayunos, abstinencias y corazón contrito, a fin de que celebremos aún con mayor devoción, piedad y conversión este gran misterio, dedicando a su vez gracias a Cristo Redentor por el incalculable don de su misericordia otorgado en nuestra redención y liberación.

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Acuerdo de los Cuatro Evangelistas sobre la Resurrección de Jesucristo (21)

Acuerdo de los Cuatro Evangelistas sobre la Resurrección de Jesucristo

Roberto Jiménez Silva
Teólogo Seglar

Desde que comencé estas series de “Historias para no olvidar,” cada una de ellas he querido que terminase con un artículo sobre la Resurrección de Jesucristo. Véase en la serie (I) nº 7.- El triunfo de Jesús sobre la muerte. Y en la (II) nº 14.- El Dogma de la Resurrección de Jesucristo. Y es que es este un tema tan importante, como ciertas las palabras de San Pablo: Si Jesucristo no resucitó vana es nuestra fe. Quisiera en éste último artículo de la serie (III) nº 21 ratificar la verdad de éste misterio, examinando el acuerdo admirable que se deja notar en los cuatro evangelistas. Me he detenido principalmente, y por éste orden, en el capítulo 16 de San Marcos, el 28 de San Mateo, el 20 de San Juan y el 24 de San Lucas. Una primera y señalada exégesis nos revela que, no existe entre ellos la menor contradicción. Cada uno refiere este portentoso suceso del modo que a continuación enunciamos:

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La Pascua (20)

La Pascua

Roberto Jiménez Silva
Teólogo Seglar.

El nombre de Pascua se deriva del hebreo phase, y este de pasach, que significa “pasar”, y del siriaco pasca, esto es, tránsito, paso, etc. El pueblo judío fue el primero en celebrar la Fiesta de la Pascua instituida por Moisés, en memoria del tránsito del Ángel del Señor, que quitó la vida a los primogénitos de los egipcios, y pasó sin tocar las casas de los hebreos que estaban señaladas con la sangre del cordero, en recuerdo de la salida de Israel de Egipto, y también del tránsito o paso del Mar Rojo, a pie enjuto, y en cuyas aguas quedaron sumergidos el Faraón y los Príncipes de Tarsis y Memphis, sus carrozas, caballos y un numeroso ejército.
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Antiguos cultos de la Iglesia en el Sábado Santo (19)

Antiguos cultos de la Iglesia en el Sábado Santo

Roberto Jiménez Silva
Teólogo Seglar.

En el Sábado Santo, la Iglesia celebra el misterio del Sepulcro de Jesucristo y de su bajada al Limbo. Antiguamente el Oficio de éste día no se acababa hasta después de la hora de Nona, que era hasta ponerse el sol, y entonces empezaba la gran Vigilia Pascual, cuyo Oficio ya de antiguo, era muy largo, porque la lectura de las Profecías, las ceremonias, las oraciones y la administración del bautismo a los catecúmenos ocupaban todo el tiempo hasta el amanecer. A estos oficios asistían los fieles, y pasaban toda la noche en ejercicios de devoción. Después se decía la Misa, en que comulgaban los asistentes. Aún hoy, esta disposición se observa en la Iglesia Ortodoxa griega, mientras que la Iglesia Latina por justas y legítimas causas tuvo a bien quitar las vigilias nocturnas; así desde su prohibición, el Oficio de éste día se anticipó a la tarde anterior, y el de la Vigilia de Pascua a la mañana del Sábado Santo. Esta es la razón de por qué desde antiguo se concluía el Sábado Santo con el rezo de Nona, empezando enseguida la gran Vigilia de la Pascua. Pero de esta antigua tradición se conserva memoria en nuestro tiempo, cuando en distintas oraciones, incluido el Pregón Pascual, se usa la palabra “noche”. Leer más

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